LIBERTAD DE RELIGIÓN país por país


A CONTINUACIÓN SE INFORMA SOBRE TRECE PAÍSES EUROPEOS INDICANDO BREVEMENTE EL GRADO DE PROTECCIÓN QUE EN CADA UNO DE ELLOS SE OFRECE A LA LIBERTAD DE RELIGIÓN

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No pretende ser una lista exhaustiva; está concebida para indicar dónde podrían estar los problemas y plantear soluciones.

En la preparación de este capítulo –y ciertamente en la de este folleto– reconocemos que en la cuestión de los derechos humanos existe una distancia considerable entre la teoría y la práctica.

Las salvaguardias escritas están ahí. El desafío consiste en traducirlas en libertades verdaderas que hagan posible que la gente tenga vidas felices, que no se vean perturbadas por la discriminación y el hostigamiento.

En términos generales, cuanto más estable y democrática es una nación, más observan sus dirigentes las protecciones de los derechos humanos contenidas en la legislación fundamental de ese país. Los líderes gubernamentales de países con antecedentes de totalitarismos son los más propensos a despreciar las leyes sobre los derechos humanos. Con frecuencia intentan justificar sus violaciones con argumentos engañosos del tipo: “Se hacen llamar una religión, pero en realidad no lo son”.

Casi todos los países europeos tienen constituciones, leyes y tradiciones que protegen los derechos humanos. Las salvaguardas escritas están ahí. El desafío consiste en traducirlas en libertades verdaderas que hagan posible que la gente tenga vidas felices, que no se vean perturbadas por la discriminación y el hostigamiento.

La respuesta a esto es la ofrecida por la Corte Europea de Derechos Humanos en el caso Manoussakis versus Grecia en septiembre de 1996. No es competencia del estado determinar lo que es una religión y la que no es. Para constituir una religión, basta con que un grupo de creyentes se apoyen a sí mismos con sinceridad.

Esta reglamentación concuerda con la política del Consejo de Europa, como se enuncia claramente en un estudio llevado a cabo por su Directorio de Derechos Humanos, según el cual, el término “religión” es “inapropiado”, dado que “la protección del derecho a la libertad de religión no está restringida a las religiones más difundidas y reconocidas de forma general, sino que también se aplica a fes virtualmente desconocidas. Religión se entiende por tanto en el sentido más amplio de la palabra”.

Aunque esta pueda parecer una interpretación excesivamente amplia del término religión, la historia ha sido testigo de las consecuencias cuando es el estado quien define los parámetros de la fe. Aparentando consentir oficialmente la idea de que las religiones minoritarias “no estén reconocidas”, el estado facilita un terreno fértil para la discriminación. Para la mayor parte de la gente, la deducción lógica de esa falta de reconocimiento es que las creencias y prácticas de los miembros de grupos religiosos minoritarios no son merecedoras de los derechos concedidos a las religiones establecidas.

Como destacó la Corte Europea en el caso de Manoussakis, acciones del poder ejecutivo, en apariencia inocuas, que restringen los derechos de las fes minoritarias, funcionan como un “arma letal contra el derecho a la libertad de religión”.

El Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Essex, uno de los organismos más destacados de Europa en su campo, publicó un relevante estudio realizado en 1997, que lleva por título Libertad de religión y credo: Informe mundial. Dicho estudio, firmado por expertos en religión de todo el mundo, puso de manifiesto específicamente que las nuevas religiones habían de ser tratadas de la misma manera que las religiones tradicionales:

“La libertad de religión no ha de ser por lo tanto interpretada de forma restrictiva por los estados, por ejemplo, para hacer referencia únicamente a las religiones mundiales tradicionales. Las nuevas religiones o las religiones minoritarias tienen derecho a idéntica protección. Este principio cobra particular relevancia a raíz de las evidencias que se reflejan en los informes de los países, incluyendo las naciones europeas, los cuales ponen de manifiesto que los nuevos movimientos religiosos son un objetivo constante de la discriminación o represión”.

La interferencia del gobierno con creencias y prácticas religiosas minoritarias crea un clima en el que la persecución de la religión está a la orden del día. Son estas consideraciones, como la historia se ha encargado de demostrar sobradamente, las que conducen a la institución de organismos legislativos internacionales que preserven la libertad de religión de la intromisión del estado y establezcan así el pluralismo religioso.

El estado sólo está autorizado a interferir cuando se ha transgredido una norma pública, y en ese caso ha de actuar contra el individuo en cuestión, no contra la totalidad del cuerpo de creyentes. En los países europeos, nadie pensaría en incriminar a la Iglesia Católica porque uno de sus sacerdotes haya sido acusado de mala conducta. Una religión minoritaria, por tanto, no ha de ser responsable penal o civilmente de las supuestas transgresiones de uno o varios de sus miembros.


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